Si un solo cristiano de la zona se queda, yo me quedo

Él se mantuvo fiel a su llamado, como también hicieron tantos otros sacerdotes y pastores en este tiempo de guerra y persecución. Se quedaron y animaron a los miembros de su iglesia a quedarse también. Incluso tras haber sido secuestrado por extremistas durante cinco semanas, el sacerdote continuó con su importante labor. Continuó su labor en un país en el que ya había pasado diez años de guerra administrando su iglesia y tratando de satisfacer las necesidades de la gente.

El Padre Tony tiene un carácter muy amable. Es el sacerdote de 67 años de edad de la iglesia católica en Shahba-Suwayda.

Tony es un hombre alto y delgado. Lleva gafas, sonríe con timidez y te recibe con calidez. Su familia se compone de su mujer, un hijo, una hija y él mismo. Sus hijas están casadas y tienen hijos.

«Provengo de una familia humilde. Nací en El Líbano y siempre soñé con ser sacerdote, pero hubo cosas que se interpusieron en mi camino. Tuve que trabajar para ayudar a mi padre a mantener a mi familia y después la guerra irrumpió en El Líbano. Entonces vinimos aquí. Decidí estudiar para ser sacerdote», cuenta el padre Tony. Para entonces, era un hombre recién casado. «Hice una solicitud en la archidiócesis, pero la respuesta se retrasaba, así que perdí la esperanza y decidí emigrar a Alemania. Cuando estaba todo listo y las maletas hechas, me llegó una respuesta de la archidiócesis. Querían que fuese al Líbano a estudiar teología. Me encontraba en una encrucijada. ¿Debía ir al Líbano y cumplir mi sueño de hacerme sacerdote, o debía ir a Alemania y empezar allí una nueva vida? Aquella noche tuve un sueño. Me vi a mí mismo vistiendo la túnica de un sacerdote y orando en una iglesia, diciendo “¡Bendito es el Reino de los Cielos!” Para mí fue un claro mensaje de que Dios quería que me hiciese sacerdote».

En 1989, el Padre Tony ya era oficialmente sacerdote. Era el más joven de todos los sacerdotes de la archidiócesis y tenía mucha responsabilidad. «No hay una sola iglesia en la gobernación de Suwayda en la que no haya orado y servido. He viajado mucho y debo decir que fueron tiempos difíciles para mi familia. Tenía que ausentarme muchas veces y toda la carga recaía sobre mi esposa. No sé cómo crecieron mis hijos». El Padre Tony contiene las lágrimas recordando lo rápido que pasa el tiempo y lo mucho que su mujer ha sufrido en soledad. «No me arrepiento, por supuesto, pero me afecta mucho. Me siento culpable». Todos en la habitación estamos en silencio, esperando a que el Padre Tony pronuncie sus próximas palabras. Con lágrimas en los ojos y la voz rota, dice: «Siento como si hubiese abandonado a mis hijos y a mi mujer, no me arrepiento por El Señor, pero me afecta».

Dado que el Padre Tony nació y se creció en una familia pobre, siempre ha sentido especial afinidad con la gente sin recursos. Se propuso ayudarles en todo lo que estuviese en su mano. «Intento proveerles de lo necesario, pedirles proyectos y ayudarles financieramente. Recuerdo cuando era un niño lo feliz que era cuando alguien nos ayudaba. Quiero repartir esa misma alegría. Cuido a los ancianos; cada vez que detecto una necesidad, trato de conocerla y ayudar en lo que pueda, incluso si tengo que pagar yo mismo los medicamentos. Un pastor de esta ciudad me dio a conocer vuestra organización, gracias al Señor. Considero estos días como una época dorada para esta zona. Con lo poco que teníamos para ayudar, ahora contamos con gente que nos ayuda con alimentos, medicinas, material de acondicionamiento para el invierno y material de papelería para estudiantes. Me consta que todas las parroquias de aquí son de granjeros y con verdadera necesidad, por eso apreciamos tanto vuestra ayuda. Considero que ambas partes colaboramos trabajando en el campo de Jesús y sirviéndole».

Me desperté sintiendo que algo malo estaba a punto de suceder

El Padre Tony sufrió una experiencia muy traumática durante su servicio a la iglesia. «El domingo 12 de junio del 2015, me desperté sintiendo que algo malo estaba a punto de suceder. Llamé a mis amigos de Samma para decirles que tal vez no debía ir, pero me dijeron que fuera, que todo estaba bien. Cuando estaba ya en la iglesia de Samma preparando la comunión, seis hombres de Jabhat Al Nusra (Frente de la Victoria) entraron a la iglesia y comenzaron a dispararnos y a aterrorizarnos. Después me secuestraron. Permanecí con ellos durante 35 días. Fueron los peores días de mi vida». Samma es un pequeño pueblo donde todos se conocen, ya que casi todos son cristianos; tan solo hay 3 familias no cristianas viviendo allí.

«Siempre les preguntaba “¿Qué vais a hacer conmigo?, tengo hijos”. Al cabo de 33 días, por fin me dijeron que contactase con la archidiócesis de Jordania. Negociaron con mis secuestradores y les dijeron que me dejasen libre»

El último día antes de su liberación, el Padre Tony estaba orando. «Era medio día y, mientras orando, vi una luz brillante en mi habitación y una mano suave tocó mi hombro. De inmediato me sentí reconfortado. Por la noche me dijeron que sería liberado al día siguiente. A la mañana siguiente me llevaron ante un jeque de los drusos en un pueblo cercano. Teníamos una amistad previa y me llevó de vuelta junto a mi familia».

El sacerdote se atraganta mientras describe el recibimiento de la gente en Shahba. «Nunca imaginé que la gente me amaba tanto. Me dejaron en la plaza del pueblo y caminé hasta la iglesia. La carretera que va desde la plaza del pueblo hasta la iglesia estaba repleta de gente alborozada que me daba la bienvenida con flores, música y disparos de celebración». Conteniendo las lágrimas, continúa: «Realmente me conmovió comprobar lo mucho que me quiere la gente. Y no sólo los cristianos, los no cristianos también. Considero esto una gracia de Dios. Si estamos apegados a Él, se verá por nuestros frutos».

La iglesia católica de Shahba es un precioso lugar con iconos artísticos en las ventanas. La congregación ha sido bendecida con tan humilde y amable sacerdote para que se haga cargo de la parroquia. Nos habla del devastador efecto de la guerra en su congregación. «Nuestro mayor desafío ahora es la falta de juventud. Esta generación se ha perdido a causa de la guerra. Fueron criados sin suficientes cuidados y atenciones, y huyeron del país en cuanto tuvieron la ocasión, escapando del servicio militar o en busca de una vida mejor en el extranjero. Perdí  a un hombre joven en el que solía confiar para todo. Ahora está en Alemania. Realmente estamos escasos de juventud. Ahora presto más atención a los niños. Insisto en que no sólo hay que entretenerles, además hay que darles conocimientos espirituales y enseñarles la Biblia y sus valores».

El COVID-19 ha obstaculizado parte del trabajo con los niños. «Solíamos organizar campamentos de verano donde estudiábamos la biblia con los niños. Desafortunadamente no pudimos hacerlo el último año a causa de la pandemia. Esperamos poder retomar el campamento el próximo verano. Oro para que esto plante en ellos la motivación para que se queden aquí y sirvan al Señor. Honestamente,  para un cristiano es difícil triunfar en una comunidad no cristiana. Hay competencia y persecución, pero Dios siempre protege. Yo animo a la juventud a que escuche la llamada, no puedo decirles que se queden o se vayan, pero lo que sí sé es que estoy comprometido con la misión que El Señor me ha dado y con quedarme aquí . Siempre digo que con que un solo cristiano se quede en esta zona, me quedaré y le serviré».

Con la dedicación que tiene el Padre Tony para la llamada de Dios en su vida, puede mantenerse fuerte en medio de las luchas por los cristianos en la zona sur de Siria. A veces es duro, pero el padre Tony ama el sur y tiene esperanza en que todo mejore. Él es un pastor cuidando fielmente de las ovejas de Dios.

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