Vivir una vida fructífera y abundante bajo una constante amenaza.

Boko Haram atravesó la frontera hacia Camerún desde Nigeria en 2013. En la actualidad, hay cristianos aterrorizados de igual manera que lo estaban aquellos que viven en el noroeste de Nigeria. Cada ataque está dirigido al físico, a las emociones y a la vida espiritual de los creyentes.

Las casas y las iglesias se pueden reconstruir, pero los efectos de la pérdida y el trauma permanecen mucho más tiempo y perjudicar a los creyentes como Sarata, que primero perdió a su marido y luego a su hija por causa de la violencia de Boko Haram. Ella es parte de la comunidad cristiana a la que queremos ayudar, no solo a sobrevivir, sino a vivir una vida fructífera en medio del sufrimiento.

Sarata se viste con el vestido tradicional y con pendientes de oro que cuelgan de sus orejas. Se ha puesto la mejor ropa que tiene para la entrevista. Continúa llevando su anillo de boda, aunque su marido lleva muerto varios años. La vida la ha convertido en una persona seria. Sus palabras son pocas mientras se apoya en la pared de barro, respondiendo nuestras preguntas. En su regazo tiene dos artículos: una tela doblada y hojas de papel azul. Estos productos (el anillo de boda, la tela y un papel de color azul) podrían parecer insignificantes para algunos, pero estas cosas son las que le quedan de su marido y su hija, a quienes perdió a causa de Boko Haram.

Sarata parece mucho más mayor de lo que es en realidad. Trabajar durante años fuera la han hecho una mujer fuerte de 55 años, y sus profundas arrugas de la cara muestran cuantas pruebas ha sufrido. A causa de la insurgencia de Boko Haram, los últimos 6 años de su vida han sido una cruel batalla.

 

Viudez

Sarata comparte muy pocos detalles de los ataques de 2014 que llevaron a su marido a la muerte. Tales detalles no lo traerán de vuelta. Hamadou es uno de los líderes de la iglesia que más cuida a los creyentes en este sitio; el explica con exactitud qué pasó. “Lo recuerdo todo… Al principio Boko Haram saqueaba nuestro pueblo u otros lugares. Los oíamos llegar y huíamos al bosque. Después se iban y volvíamos a casa. Luego volvían unas semanas más tarde otra vez y volvíamos a huir. Así es como hemos vivido durante tres años”.

El día de la muerte de Tetekwa, el marido de Sarata, sufrió un ataque al corazón a causa del estrés y del miedo constante del ataque inminente. “Los hombres con uniforme vinieron allí disparando con pistolas. Se puso muy ansioso. Primero, tuvo dolor de estómago. Poco después, la tensión empezó a afectarle al corazón y se lo llevaron al hospital. Pero incluso allí, la tensión aumentó. Así es como Dios se lo llevó a su hogar.

Después de que él muriera, nos quedamos sin nada”, explica Sarata. “Ni siquiera teníamos suficiente comida. Mi familia solo sufría. Solo conocemos el sufrimiento“, dice con desánimo. Frente a la carga de cuidar de su familia, Sarata decidió cultivar un trozo de tierra que estaba lejos de su cada.

Sarata añade: “Tenemos miedo de ir a la granja porque Boko Haram no nos permite estar tranquilos. Esta situación es muy difícil”.

Ora con Sarata

En poco tiempo, Sarata perdió a su esposo y a una de sus hijas. Esto la ha cambiado para siempre. Sin embargo, nosotros podemos ayudar a que, en este tiempo, ella reciba consuelo.

Estas son las peticiones de oración que tenemos para ti:

  • Ora al Señor para que les muestre a los cristianos en esta región la mejor manera para ser sal y luz en medio de tanta oscuridad.
  • Ora por paz en todas las áreas afectadas por la violencia y por sabiduría y para que los gobiernos locales tomen responsabilidad y tengan medios para restaurar la paz.
  • Ora para que el Señor bendiga a los programas de Puertas Abiertas a fin de que sean productivos para fortalecer a los cristianos en Camerún.

Perder a un ser querido otra vez

Sus preocupaciones no están exentas de razones. El jueves 13 de septiembre de 2019, Sarata y sus hijos iban de camino a la granja, cuando Boko Haram les atacó.

Salimos por la mañana para ir a nuestros campos que están en el bosque. Los niños iban corriendo en frente de nosotros, fuera de vista. Luego nos encontramos con los luchadores de Boko Haram. Pasaron sin herirnos. Pero cuando estaban lejos delante de nosotros, oímos disparos de pistolas. Me asuste mucho. Estaban disparando en frente de nosotros, donde mis hijos estaban.”

Me asuste porque veía que habían matado a alguien… y los niños estaban más adelante. Vi como perseguían a la gente. Me asuste aún más. Cuando llegaron a mí, me preguntaron ‘¿Dónde vas?, ¿estás asustado por estos niños?’ Estaba seguro de que habían matado a uno de mis hijos“.

Los temores de Sarata se confirmaron. Los soldados intentaron asesinar a Lydia, su hija. Ella se resistió y le dispararon.

Hamadou comparte: “Los niños habían llegado a los campos de mijo. Mientras esperaban a su madre, Boko Haram llegó. Mataron a la chica joven y a otro hombre mayor. Sus otros niños escaparon de alguna manera, corrieron hasta la madre y le dieron las terribles noticias”.

Sarata describe a Lydia como una hija responsable y obediente que ayudaba a su madre en casa. “Cocinaba, lavaba la ropa, hacía todas las tareas domésticas”. Los recuerdos de la pérdida de Lydia hacen temblar la voz de Sarata.

Con todo lo que ha pasado, ¿qué más puedo decir? Solo me quedaré así. En todo lo que hago, solo estoy sufriendo. Si veo a otros niños ir a la iglesia o al colegio, andar juntos, me vienen a la cabeza los recuerdos más dolorosos … Cada vez que veo su ropa y este boletín, me sumerjo en pensamientos. He regalado casi toda su ropa”.

Apoya su cabeza en una mano antes de seguir hablando. “Quienes me hicieron daño son aquellos que mataron a mi hija. No fue Dios quien la tomó, sino la maldad de estas personas”.

Sarata bo puede permitirse sentarse y lamentar la muerte de su hija o vivir en el pasado demasiado tiempo: tiene cinco bocas que alimentar y cuidar.

“Lo único que me preocupa ahora es mis hijos. Si están bien, eso es lo más importante. Mi oración es que el Señor me ayude con lo que tengo ante mí… No hay otros medios para sobrevivir con estos niños aparte de trabajar en los campos. ¿Qué haré si caigo enferma? Me preocupo a menudo por eso. Lo más difícil es que estas malas personas están aún deambulando por aquí. Lo más seguro sería quedarse en casa. Pero debemos ir a nuestros campos. Siempre hay un miedo intenso. Cada día es posible que estén esperando en emboscada. Siempre tenemos miedo”

Pastores heridos

Muchas de las iglesias de la región han sido incendiadas, y sus pastores han sido asesinados o desterrados. Los creyentes sobreviven como ovejas sin pastor. Hamadou es uno de los los líderes de las pocas iglesias que han quedado y conoce muy bien estas batallas.

Ha habido muchos ataques. He perdido la cuenta. Y si contamos el número de muertes son demasiadas. Y todas las casas que se han incendiado y tantas otras cosas, no puedo contarlas. Elegimos quedarnos porque crecimos aquí. Tengo mi familia aquí. He construido mi casa aquí. No podíamos salir e ir a algún sitio más. No tenemos dinero para alquilar casas. Esa es la razón por la que nos hemos quedado, debido a la pobreza. No tenemos nada.”

Cuidar a las viudas y a los huérfanos sigue siendo una tarea difícil, pero crucial. “Para las viudas, la iglesia está ofreciendo lo mejor. Durante la temporada de lluvia, buscamos mijos para dárselos y a veces las llamamos para consolarlas. Cada año, la iglesia se esfuerza para ayudar a las viudas”.

Sin ello, Sarata y muchos otros afectados por la violencia se sentirían totalmente abandonados. Sarata testifica: “Si me veo a menudo entre ellos, mi corazón está en paz”.

Pero los pastores son a menudo lastimados por las pérdidas personales que sufren en la guerra. Durante uno de los incontables ataques de Boko Haram, en 2015, el hijo de Hamadou murió junto con otras 92 personas en su pueblo. El chico solo tenía 5 años y su muerte fue especialmente dura para la esposa de Hamadou. “Mi esposa le daba muchas vueltas a ello. Cayó en depresión y fue hasta el bosque. Dijo que sería mejor para ella haber muerto ahí. La trajimos de vuelta. El pastor habló con ella y le aconsejó. Después de un rato encontró paz”.

Hamadou dice: “Por todo lo que le ha sucedido, Sarata lucha por creer la palabra de Dios, pero no la abandona. Por ello, los ancianos estamos orgullosos de ella”.

Una visión para África subsahariana

La visión de Puertas Abiertas para la Iglesia Perseguida es ayudar intensamente a los cristianos perseguidos a crecer dentro de sus comunidades de manera que vivan de forma fructífera a pesar de los retos que enfrentan. Esto incluye cuidado para sus necesidades físicas y emocionales a través de la presencia en el ministerio, el necesario consuelo y apoyo socioeconómico.

Para Sarata, ha significado mucho que hayamos hecho un largo camino hasta ella para brindarle nuestro apoyo. “¡Estamos sufriendo y vosotros pensasteis en nosotros, muchas gracias! Gracias, amados, por ayudarnos en nuestro sufrimiento… Muchas gracias por Puertas Abiertas.

No obstante, ella continúa necesitando atención postraumática para encontrar el modo de llevar una vida diga de la forma más segura posible.

Y tú puedes ayudarnos con eso.

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