El pastor Jihad y su iglesia están cambiando el futuro de la nueva generación de refugiados sirios

Nada más entrar en el campo, los niños corren a su alrededor; los adultos se le acercan. Tres hombres que están allí comparten con él su miedo, debido a que el propietario quiere que los residentes del campo de refugiados en el valle libanés de la Bekaa se vayan en dos meses.

El pastor Jihad les dice palabras de consuelo, les reta a orar para que el propietario cambie de opinión e inmediatamente lo pone en práctica y ora con ellos.

Jihad y su equipo son muy queridos por la gente del campamento. Todo esto tiene que ver con la forma en que la Iglesia de la Vid Verdadera los sostiene. Ésta construyó uno de sus dos centros comunitarios, con una escuela cerca de su “asentamiento informal de tiendas de campaña”, como se denominan oficialmente los campamentos del Líbano. El gobierno no les proporcionó un campo de refugiados oficial.

A nuestros hijos les gusta ir a la escuela“, dice una de las madres. Está de pie a la entrada de su tienda, junto con otras dos mujeres con velo que llevan coloridos vestidos. Como todos los refugiados de este campo, ella es de Idlib, en Siria, y lleva cinco años viviendo en estas tiendas sin poder regresar. “Nuestras casas están destruidas; la ciudad está en primera línea”.

Satuf, uno de los tres hombres y padre de Hiba, de 10 años, reflexiona: “Cuando los niños se quedan sin educación, no es bueno para ellos“. Hiba y otros dos de sus hijos van a la escuela que pertenece a la iglesia del pastor.

Actualmente El Líbano se enfrenta a un segundo cierre a causa del Covid-19. Caminando por el campamento notamos que nadie utiliza las mascarillas. ¿Se debe a la falta de fondos para comprar mascarillas, o es debido a la despreocupación? Satuf, con su larga túnica marrón, dice: “Los niños tienen ahora [a causa del cierre] sus clases por teléfono, y es más complicado, pero aún en estas condiciones es bueno que continúen“. La mayoría de los sirios llevan teléfonos móviles y los que no tenían fueron provistos de uno por la iglesia.

El pastor, de 53 años, explica cómo empezó

En aquel momento, la congregación había comenzado su propio edificio: un sótano y un primer piso, con planes de seguir construyendo un segundo edificio con un salón para unas 500 personas, varias aulas y otras salas. La guerra de Siria acababa de empezar y mientras los combates se extendían por el país vecino, los refugiados de Siria comenzaron a inundar el Líbano. Con la frontera a sólo 15 minutos en coche, el valle de la Bekaa acogía a unos 700.000 refugiados.

Cuando nos dirigimos a este campamento, pasamos por varias zonas similares que siguen acogiendo a refugiados sirios actualmente. Con sólo poco más de 50 miembros en ese momento, la pequeña iglesia comenzó a ayudar. “Uno de nuestros miembros estaba desconsolado por la situación de los refugiados, en ese momento oramos. Pocos días después recibimos nuestra primera donación y empezamos a ayudar a 100 familias. Ahora ese número ha crecido hasta casi 5.000. Siempre hemos querido ayudar a la gente con las dos manos: la física y la espiritual”.

Cuando se ve al pastor Jihad interactuar con estas personas ahora, uno apenas puede imaginar que esto era completamente diferente en el pasado. “Durante décadas los sirios habían ocupado el Líbano, se fueron [de los territorios libaneses] sólo seis años antes de que comenzara la crisis en Siria. La guerra comenzó en el Líbano cuando yo tenía 8 años; cuando tenía 15 años la milicia cristiana de nuestra zona nos llevó a todos a campos militares y nos enseñaron a usar las armas. Nos lavaron el cerebro: “Los sirios son vuestro enemigo”. Crecí odiando a los sirios y a las personas de otra religión. Pero más tarde Dios me hizo cambiar de opinión. Dios me mostró que todas estas personas están viviendo en la esclavitud del pecado y necesitan que alguien los libere y los ame, alguien que los conduzca a conocer la verdad en Jesucristo”.

El vecindario se opuso al trabajo de la iglesia con los refugiados. En una entrevista anterior, el pastor Jihad dijo: “Al principio fuimos muy criticados por ayudar a los sirios. La comunidad se volvió contra nosotros. Pero dijimos: “tenemos dos opciones: o invertimos en ellos, o lo hace el ISIS“.

Poco después de que la iglesia comenzara a ayudar con alimentos y otros artículos indispensables, ellos vieron la necesidad de los niños sirios. “Aunque las escuelas libanesas empezaron a tener turnos extras para dar cabida a la educación de los niños refugiados, eran demasiados, así que muchos niños se quedaban sin educación”, dice el pastor. Para esos niños, la iglesia puso en marcha una escuela informal en el sótano de la iglesia y más tarde creó centros comunitarios en dos campamentos con varias aulas en cada uno.

Una de esas escuelas en los campamentos está a sólo 200 metros de este asentamiento. Debido al cierre, hoy no hay niños en las aulas. “Empezamos con unos 130 niños en salas ubicadas en el aparcamiento del edificio de nuestra iglesia“, continúa el pastor. Más tarde pusieron en marcha las dos escuelas en los centros comunitarios. “Hoy tenemos unos 700 niños en nuestras escuelas. Cuando crecen y llegan al quinto grado y salen de nuestra estructura, hablan inglés con fluidez. Dondequiera que vayan en este mundo, pueden ingresar a la escuela fácilmente“.

En concreto, los niños refugiados que no van a la escuela son, según el pastor Jihad, vulnerables a convertirse en extremistas o a caer en todo tipo de vicios. “Me rompe el corazón que todavía haya cientos de miles de niños que no van a la escuela. Intentamos ayudarlos, trabajando duro día y noche“. Además de las escuelas, ofrecen otras actividades. “Tenemos clases de alfabetización y organizamos campamentos con actividades deportivas e historias de la Biblia”.

“Han hecho que nuestros hijos se olviden de la guerra”

Ir a la escuela marca la diferencia. “En sólo un mes no se reconoce que estos eran los mismos niños que venían al principio, se vuelven como cualquier otro alumno. Muchos padres nos han dicho: ‘Habéis hecho que nuestros hijos se olviden de la guerra’. Tenían malos recuerdos, han visto cómo mataban a gente delante de sus ojos, algunos niños perdieron a toda su familia, perdieron a sus padres, a otros parientes. Cuando vienen aquí, están traumatizados. Es por eso que tenemos psicólogos para ellos y hay algunas clases especiales para niños con necesidades especiales. Trabajamos con cada niño individualmente, ayudándoles a salir de esta situación en la que estaban“.

Las escuelas incluyen un tiempo de “iglesia” diario para todos los niños. Los padres, que en su mayoría no son cristianos, lo saben. “Todos los días cantan canciones, adoran y escuchan historias. Es increíble si los miras y ves lo felices que son“. El pastor Jihad mira a los niños con una sonrisa en la cara, mientras corren de un lado a otro cuando nuestro fotógrafo saca su cámara. Sus madres se ríen.

Este es sólo un campamento, con unos cientos de refugiados. Hay miles de ellos en el Líbano, ¿no es la necesidad a veces abrumadora? “Por supuesto, estamos desbordados“, dice el pastor. “Hemos aprendido que no podemos salvar al mundo entero, pero marcamos una gran diferencia en la vida de individuos y familias, cientos y miles de ellos. Intentamos ser fieles con los talentos y los límites que Dios nos ha dado“.

Por supuesto, el pastor no lo hace solo. “Como persona soy muy bueno para delegar. Ahora mismo tenemos unos 70 líderes a tiempo completo en nuestro ministerio. Intento poner a la persona adecuada en el lugar adecuado dividiendo así la carga“. Un detalle interesante es que el pastor incluyó a muchos refugiados en el trabajo. “La mayoría son ellos mismos refugiados, sirviendo a su propia gente. Conocen la mentalidad, conocen el trasfondo, el acento, el idioma, conocen los problemas que tienen para poder entenderlos mejor que nosotros, así que unas 60 personas de nuestro equipo son refugiados que han venido a Cristo“.

La visión del pastor acerca de lo que es una iglesia es muy inspiradora. “Les sorprenderá ver que el día más tranquilo para nosotros es el domingo; ese día sólo tenemos servicios religiosos. Todos los demás días verán que nuestra iglesia es una colmena con toda esta gente, todos estos ministros corriendo de sol a sol, incluso durante la noche. Esto es lo que nos enseñó Jesús, que pasó tres años entre la gente“. Eso es lo que hace el pastor ahora, estar con la gente, pasar tiempo con ellos. Cuando por fin nos vamos, los niños nos siguen. Saludan con la mano cuando el coche se marcha.

El impacto es grande, pero la necesidad continúa

Cuando empezamos hace ocho años, nunca esperamos que durara tanto. El primer año empezamos a enseñar a los alumnos el currículo sirio. Después nos dimos cuenta de que la crisis iba a ser larga, así que cambiamos a un plan de estudios internacional y libanés para poder unirnos a las escuelas sirias más adelante, cuando los alumnos dejaran las escuelas de nuestro campamento. La guerra dura ya diez años y la mayoría de los refugiados siguen aquí en el Líbano y se siguen sumando. La crisis siria sigue ahí; sí, la guerra ha terminado, pero la mayoría no puede volver“.

El pastor habla de su visión de futuro.Desde que comenzamos nuestra iglesia, nuestra visión y oración fue volver a ganar Oriente Medio para Cristo. Dios nos ha utilizado en la vida de cientos y miles de personas. Nos gustaría equipar a nuevos líderes para que sirvan al Señor en su país. Ya enviamos a Siria a algunas personas que vinieron a Cristo en nuestra iglesia, las entrenamos, oramos por ellas y las enviamos de vuelta“. Además nos dice que algunos de los refugiados que fueron aceptados en otros países del mundo también están activos. “Algunas de las familias que vinieron a nuestra iglesia consiguieron el asilo en otros países y se fueron, se unieron a las iglesias de allí y muchas de ellas fundaron nuevas iglesias. Nuestra visión es que Dios utilice nuestra iglesia para fundar muchas otras“.

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