Daniela solo tiene 12 años. Sin embargo, ya conoce el precio de tener fe en un bebé que nació para salvar a la humanidad.

Daniela estaba jugando en la calle cerca de su casa cuando escuchó los dos disparos que cambiaron su vida para siempre. En apenas segundos, su padre, el pastor colombiano Plinio, le fue arrebatado. ¿Por qué? Porque tuvo la valentía de compartir sobre el amor de Cristo en una zona controlada por las bandas de narcotraficantes. Esta Navidad habrá un asiento vacío en la mesa de la familia Salcedo. Como tantos otros niños alrededor del mundo, Daniela es perseguida por la fe de sus padres.

El camino que nos llevó a la casa de Daniela era largo y la conducción lenta por la suciedad y los baches. Daniela, su madre Alba y su hermano pequeño, Sebastián, viven temporalmente en la ciudad de Caucasia. La casa está en un lugar elevado porque la ciudad se inunda regularmente. El techo tiene agujeros que permiten que la lluvia se filtre. La zona es más segura que la ciudad de La Caucana, donde Plinio fue asesinado a sangre fría. Más segura, pero no segura. Incluso aquí hay mucha violencia y oír los disparos tampoco es raro.

Cuando nos encontramos con Daniela, tiene el pelo recogido en una cola de caballo, lleva un vestido de lunares negros y rosas y una diadema a juego. Nos mira con curiosidad. Sus grandes ojos examinan a cada uno de los extraños. Podemos ver un poco de timidez cuando busca refugio en los brazos de su madre. Pero una sonrisa de bienvenida no abandona su rostro. Viéndola así, se parece a cualquier otra niña de 12 años que hayas conocido. No debería tener ninguna preocupación en el mundo, pero sabe mejor que la mayoría lo que significa pagar el precio por seguir a Jesús.

Amar a Jesús y vivir para Él puede ser peligroso en Colombia, donde los jefes de las bandas y los rebeldes (que a menudo son la misma gente) operan como señores de una guerra sin ley. Reclutan a jóvenes vulnerables para que hagan el trabajo sucio por ellos. Y necesitan clientes. No necesitan cristianos que ayuden a la gente a deshacerse de sus adicciones y que traten de evitar que los jóvenes sean atraídos a las filas de los rebeldes. Para ellos, el asesinato del padre de Daniela fue sólo una advertencia para que los cristianos dejaran de meterse en sus actividades.

A los niños les resulta muy difícil hablar del día en que murió su padre. No los presionamos para que hablen de estos eventos traumáticos, pero cuando van a jugar afuera, Alba quiere compartir. “Yo estaba trabajando en la cocina con otras mujeres”, dice Alba. “Estábamos preparando los pollos que queríamos compartir esa tarde. Plinio había ido a la iglesia a orar. Cuando regresó, se sentó en su mecedora y vio las noticias. Era un día muy tranquilo.”

“De repente oí disparos.”

Todo el mundo se apresuró a entrar en la habitación, incluyendo a Daniela. Ella no puede describir lo que vio. Jamás olvidará ese momento.

Ora con Daniela

La situación de Daniela es muy complicada. Crecer sin un padre siempre lo es. Pero confiamos en que Dios le ayude a ella y a su hermano, Sebastián, a salir adelante y ser un reflejo de su amor en su contexto.

Ayúdales a hacerlo orando con ellos:

  • Ora por Daniela y Sebastián, para que sean consolados.
  • Ora por el sustento básico: comida, bebida y un hogar seguro.
  • Ora para que Daniela y Sebastián reciban una educación digna.
  • Ora por su crecimiento espiritual.

¡Envíales alegría y consuelo!

Esta Navidad, tienes una oportunidad única para enviarle a estos pequeños unas palabras de ánimo.

¡Entra aquí y escríbeles!

“Sería bueno que pudiera mostrar más emociones”

Preguntamos cómo los niños se enfrentan a la muerte de su padre. Alba muestra un clip de móvil de Sebastián llorando incontrolablemente en la cama. “Mi hijo es muy expresivo. Está muy unido a mí y a su hermana. Llora y a menudo dice cosas como: ‘No quiero que te pase nada, porque me quedaría solo’. Por otro lado, la niña es menos expresiva. Llora un poco pero no expresa sus sentimientos. Llora y me dice cuánto echa de menos a su padre.”

¿Podemos hablar con Daniela?” preguntamos. “Pueden estar con ella, por supuesto.”

Pero quizás sin mí. Sería bueno que ella pudiera mostrar sus emociones y se contendrá cuando yo esté allí.”

Pasamos tiempo con la familia y Daniela se abre. Comparte que le gusta dibujar, que se siente inspirada cuando mira al cielo y a los árboles, y que cuando crezca quiere trabajar como ilustradora. También comenta que, a pesar del cambio de ciudad, sus notas en la escuela no han cambiado y que es una de las mejores estudiantes de su clase.

¿Qué es lo más difícil para ella? Esa es nuestra pregunta.

Cuando pienso en…” Las lágrimas inundan sus ojos. Mira hacia abajo, aparta su mirada de nosotros y mira hacia arriba para terminar su frase. “Cuando pienso en mi papá.”

Cuando pienso en mi papá.

Nuestra fotógrafa no duda. Se sienta a su lado y la abraza.

¿Quieres que venga tu mamá?” le preguntamos.

Asiente con la cabeza y traemos a Alba a la habitación, quien la abraza y la besa, sus propios ojos mojados por las lágrimas también. Sin embargo, está agradecida de que Daniela haya finalmente expresado sus emociones, aunque sea un poco, por un fugaz instante. Es un comienzo.

Daniela quiere continuar y le preguntamos sobre qué cree que a su padre le hubiera gustado que hiciera en el futuro. “Bueno“, dice sin dudarlo, “ser una gran persona y seguir los caminos de Dios.”

No queremos llevar esto más lejos y cambiamos de tema. Como la Navidad se acerca, le preguntamos cómo la celebrará y lo que esta época significa para ella. “Creo que celebrar el nacimiento de Jesús es un momento de alegría. Normalmente lo celebramos juntos como familia; cocinaremos y comeremos juntos. La Navidad para mí es estar con mi familia. También recuerdo una Navidad que pasamos con los hermanos de la iglesia y nuestra familia, simplemente disfrutando y hablando.”

Daniela ha oído que la hemos invitado a ella y a su familia a pasar un tiempo en el Centro Infantil de Puertas Abiertas en Colombia. Queremos darles un respiro y ayudarles a salir de la tristeza y el aislamiento, a recibir tratamiento postraumático y, simplemente, a celebrar la Navidad. Ella está emocionada.

Comienza a llegar la policía

Ya es hora de que nosotros también nos vayamos. El vecindario tiene curiosidad por saber quiénes son estos extraños que visitaron a la familia Salcedo. De repente vemos policías armados, vestidos con uniformes de camuflaje verde, en la esquina de la calle. Están aquí para protegernos, lo que significa que los riesgos de quedarse aquí han aumentado.

La familia hace las maletas y nos dirigimos al aeropuerto. Por primera vez en sus vidas, Daniela y Sebastián verán su país desde el cielo. Daniela parece un poco nerviosa. “Estoy ansiosa”, dice. Sin embargo, cuando corren hacia el avión que espera, vemos grandes sonrisas en las caras de los niños. Más tarde Daniela dijo: “Me preguntaba si el avión se estrellaría, pero al final, parecía seguro para volar. La tierra se veía pequeña; todo se veía hermoso desde arriba.”

Tras dos viajes en avión y un largo viaje por tierra llegamos al Centro Infantil, un proyecto que da refugio permanente a muchos hijos de cristianos colombianos perseguidos, pero que a veces también se utiliza para estancias cortas. Son las 11 de la noche y ya está muy oscuro cuando se ve el centro.

Pero todo el personal y todos los niños están esperando en la entrada. Aplauden y cantan. Una gran pancarta dice: “Bienvenidos, familia Salcedo Molina”. Inmediatamente algunos miembros del personal caminan hacia Daniela, su madre y su hermano. Reciben flores y abrazos. Se la puede ver pensando: “No me conocen”. ¿Todos ellos vinieron por nosotros?”

El cielo sonríe con Daniela

No esperaba tanta gente”, dijo Daniela más tarde. “Me sorprendió tanto verlos a todos ellos, dándonos la bienvenida. Me hizo sentir tan bien. Estaba muy feliz de estar rodeada de tanta gente cariñosa.”

A partir del día siguiente, parece que la pesada nube alrededor de la cabeza de Daniela se ha levantado. Ella y su familia pasan cuatro semanas en el centro. Cuatro semanas en las que puede ser una niña. “Me sentí bien por primera vez en mucho tiempo y pude explorar nuevos lugares, nuevas ciudades y personas. Me las arreglé para hacer muchas cosas, tuve mucho tiempo libre. Conocí a muchos niños, fui de excursión, metí los pies en el río… También aprendí que, aunque hay momentos difíciles en la vida, también hay momentos en los que Jesús nos ayuda a superarlos a través de la gente y la oración.”

También fue una gran experiencia para su madre. “Ella vio que no tiene que pasar por este momento de dolor sola. Se sintió rodeada de otras personas. Fue muy importante. Para Sebastián, fue la mejor experiencia que tuvo. Visitó la cabina del avión, corrió por los campos y se divirtió mucho al aire libre. Le gusta correr y jugar al fútbol, así que llamaba a los chicos para jugar con él en el Centro Infantil.”

Después de ver lo peligrosa que era la zona donde vivían Daniela, Sebastián y Alba, Puertas Abiertas también encontró una nueva casa para ellos, una mejor en una zona mucho más segura. “Esto sólo fue posible gracias a vuestras oraciones y donaciones”, dice un colaborador local de Puertas Abiertas. “Gracias a vosotros, Alba, Daniela y Sebastián se han mudado y están en un lugar más seguro. Alba quiere abrir un taller de costura en su casa. Daniela y Sebastián están estudiando y son felices. Podemos ver que siguen adelante con sus vidas, a pesar de la dolorosa pérdida que sufrieron.”

Daniela añade: “Es muy importante saber que esta Navidad hay gente en todo el mundo orando por mí y mi familia. Estoy muy agradecida por ello, porque veo que Dios trabaja a través de estas oraciones.”

Cuando le preguntamos si tiene un mensaje final para aquellos que se preocupan por ella y otros niños perseguidos, sonríe y responde con confianza:

 

“Sé valiente y fuerte. Sigue confiando en el Señor.”

 

Sus palabras no las aprendió de cualquiera: su padre, un mártir de Jesucristo, se las enseñó.

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