El hijo rebelde del jeque se convirtió en hijo de Dios

El optimismo es la esperanza y confianza en un futuro mejor. ¿Qué fuente de optimismo podrías tener si hubieras perdido tu casa, tu familia, tus parientes y tu comunidad entera? ¿Si tus propios hermanos te rechazaran? ¿Si te insultaran tus padres e incluso te amenazaran tus amigos con matarte? ¿Tendrías esperanza? La respuesta de Anwar es: «Mi esperanza está en Jesús».

Anwar es un joven sirio de 25 años procedente de una zona periférica, donde vivía en una comunidad sencilla de unas 700 personas. Su comunidad la formaba íntegramente gente de trasfondo alauita. Tienen un líder, el jeque, que es muy estricto y es seguidor riguroso de las tradiciones alauitas. Sus funciones incluyen oficiar oraciones, funerales, matrimonios y juicios religiosos. Anwar es hijo del jeque. Su suspiro hondo nos descubre desde el primer momento que la entrevista no va a ser fácil para él. Y así ha sido. Al crecer en una familia religiosa de seis miembros (sus padres, sus dos hermanas y un hermano) es muy conocido en el poblado. «Mis recuerdos de infancia no son muy agradables. Me sentía marginado y no tenía muchos amigos. Dedicaba mucho tiempo al móvil, pero también era muy religioso. Oraba con mi padre e imitaba sus acciones».

Anwar es un joven delgado con una sonrisa cándida que raramente se dibuja en su rostro. Mira fijamente el suelo y continúa: «Cuando cumplí 15 años empecé a hacerle a mi padre muchas preguntas serias sobre las creencias alauitas. Tenía mucha curiosidad por conocer de veras cómo es Alá: ¿me quiere?; ¿qué tengo que hacer para agradarle? Por desgracia, mi padre nunca me contestaba. Solo decía “sabrás más cuando seas mayor”». La respuesta era siempre que debía esperar. Esperar a llegar a una cierta edad, esperar a terminar de memorizar una cierta oración, esperar a después de cumplir una cierta norma, hasta que ya no le valía más esperar.

«La fe alauita es muy hermética», explica Anwar. «Ni siquiera se le permite a una mujer conocer los secretos de la religión. Solo los hombres reciben una formación a partir de una edad determinada». Entonces Anwar comenzó a ver documentales sobre religiones. «Estaba seguro de que el cristianismo es mentira, y convencido de que es equivocado porque para nosotros los cristianos están engañados, adoran a un ser humano en lugar de a Dios, y son infieles».

A Anwar le han inculcado sus padres y la comunidad que no debe congeniarse con cristianos. «No debía tener ningún tipo de relación con un cristiano. Decían que tienen formas de convencer a la gente para que se convierta a su religión falsa. Pero cuando fui a la universidad, conocí a una joven cristiana». Anwar ridiculizaba a la chica y se burlaba de ella cuando le hablaba del evangelio y de cómo Jesús murió y resucitó para salvar a la humanidad. «No creía nada de lo que decía, sobre todo cuando me dijo que Él vive ahora y que yo mismo puedo preguntarle».

A lo largo de la guerra cruenta de Siria, Anwar experimentó muchas dificultades. Sus padres consiguieron posponer el servicio militar obligatorio de su hermano, mientras Anwar retrasaba el suyo con la excusa de ser estudiante universitario, pero en esos momentos estaba suspendiendo y corría el riesgo de ser expulsado de la universidad. Empeoraba su salud, tanto física como mental. Sufría fuertes dolores de estómago y se sentía muy solo, ya que vivía a solas en la segunda residencia de su familia en el distrito centro. «Tuve una fuerte depresión, y lo peor fue que la chica cristiana no paraba de hablarme de Jesús, lo cual se convirtió en una presión añadida. En esa situación llegué a creer que Alá me odiaba y yo le odiaba a Alá por haber permitido que me pasara todo esto. Quería poner fin a mi vida».

Anwar buscaba una salida para escapar de su vida desdichada. Pensaba que no tenía ningún futuro, ninguna esperanza – pero Dios tenía otro plan para él. «Dijo mi amiga: “Si piensas poner fin a tu vida, no tienes nada que perder. ¿Por qué no pruebas a hablar con Jesús a ver qué tiene que decirte?”, así que pensé que si no funcionaba todavía podía matarme y ¿por qué no probar? Me enseñó cómo orar. Me fui a mi cuarto y recuerdo pensar que estaba loco por hablar conmigo mismo. Al principio no cambió nada, pero después de un tiempo me hice adicto a conocer a Jesús. Empecé a ver vídeos y a escuchar música de alabanza y sermones. Se me olvidó por completo la idea del suicidio. Recuerdo un día que estaba hablando con Él y comencé a llorar. Volqué mi corazón ante Él y de repente ya no estaba solo. Tengo un amigo que es Jesús».

Anwar empezó a leer el evangelio de Juan, y Dios habló con él a través de la Biblia, los cánticos espirituales y los sermones. «Me enamoré de Jesús. Es mi mejor amigo. No hablo con mi familia, solo hablo con Él y le cuento todo».

Si Anwar quería hablar con Dios y adorarle libremente sin que se percatara su familia, tenía que cambiar de domicilio. Su nueva fe le proporcionaba gran gozo, pero se acompañaba del temor que su familia descubriera su conversión. «Tuve que marcharme de casa porque si descubrían la verdad, estaría en peligro de ser atacado, expulsado de casa, privado de mi herencia y repudiado por mi familia». Anwar no podía pronunciar el nombre de Jesús ante ellos. Estaba sometido a mucha presión, sobre todo porque recordaba las historias que había oído de conversos que eran apresados o muertos. «Recuerdo que cuando vino mi amiga a llevarme a la iglesia por primera vez, no pude escuchar el mensaje ni disfrutar de los cánticos porque me consumía el miedo de que alguien me reconociera y se lo contara a mi familia».

No tardó en salir a la luz que Anwar asistía a una iglesia, y al ser hijo del Jeque se corrió la voz como una reguera de pólvora, llegando a los oídos de su familia. Anwar suspira hondamente e interrumpe por unos instantes su discurso. «Me enteré de que mi madre había sufrido un ataque de nervios y llamé a mis hermanos, pero no me contestaban. Llamé a todo el mundo, pero nadie me contestaba. Pasadas unas horas me llamó mi hermana y dijo “no vuelvas nunca. Mi madre está hospitalizada por tu culpa. Tú ya no eres mi hermano. ¿Nuestra fe no era suficiente para ti? No tienes honor”, y colgó».

En esa misma época, los amigos cristianos de Anwar le invitaron a una conferencia organizada por la iglesia. Tenía que tomar una decisión: ir a casa de sus padres y afrontar la situación, o dejar de lado los problemas familiares y priorizar la conferencia.

«Aún recuerdo detalles dolorosísimos. ¿Cómo mi familia podía tratarme así?» Anwar se seca las lágrimas silenciosas con mano temblorosa. «Apagué el móvil y fui a la conferencia, y fueron los mejores dos días de mi vida. Experimenté la presencia de Dios de una forma sin precedentes, le escuché, sentí su presencia y me olvidé de todo lo demás. Estaba feliz cuando volví». Pero, como él apunta, el diablo no quería que Anwar sintiera ese gozo. Cuando volvió a la casa donde estaba viviendo, vio que habían vaciado su cuarto y le habían hecho las maletas. Le llamó su hermano y le dijo que se fuera inmediatamente. Llegó Anwar a la ciudad y no tenía adónde ir. Se puso en contacto con su amiga y ella lo comunicó en la iglesia, la cual está vinculada a Puertas Abiertas. A través de la iglesia, Puertas Abiertas ayudó a pagar el alquiler de la habitación donde vive Anwar actualmente. Por primera vez, se encontraba completamente solo, pero era hora de confiar en el Señor y de poner en práctica lo que había aprendido en la conferencia, e incluso abandonar a su familia para seguir a Jesús. «Conservaba todavía una pequeña cantidad de dinero que me habían dado mis padres, y así pude sobrevivir un tiempo». Pero Anwar tenía que encontrar trabajo para sobrevivir solo.

La amiga de Anwar trabaja en el Centro de Esperanza. Compartió con la dirección del centro la situación de Anwar, y en base a sus conocimientos y formación, le contrataron para enseñar inglés a los alumnos de 5º curso (11 años), 7º (13 años) y 8º (14 años). «Me ayudaron cuando mi situación estaba lo más desesperada. Me dieron nuevas esperanzas y una nueva oportunidad para el futuro».

El Centro de Esperanza de la iglesia es una institución que ofrece clases privadas de apoyo para alumnos desde 1er curso (8 años) hasta 9º (15 años).  El propósito de las clases es apoyar a las familias por medio de la enseñanza, para que los alumnos tengan una buena formación sin que implique una carga económica adicional para las familias, y para que crezcan espiritualmente a través de las actividades que organizan para enseñar a los niños a cultivar una relación con Dios y conocer más sobre la figura de Jesús.

Lo que más le gusta a Anwar es hablar con los niños sobre Jesús. Oran juntos cada mañana. «Los chicos no solo necesitan un maestro, sino que necesitan de alguien que ejemplifique lo que es tener una relación con Dios y que pueda contarles más sobre Jesús». Anwar está muy agradecido. «El Centro de Esperanza me dio un nuevo comienzo. Cuando mi familia ya no existía para mí, no tenía a nadie y estaba completamente solo. Ahora tengo una nueva familia, la iglesia, y me compensa todo lo que he perdido. Ahora pertenezco a esta nueva familia y reímos juntos y compartimos nuestras inquietudes y nuestro tiempo. Si no fuera por el Centro no sé qué hubiera hecho. Estaría sin hogar, hambriento y solo».

Es obvia la transformación anímica de Anwar cuando habla de su nueva vida. Respira tranquilamente, le brillan los ojos y está más relajado. Cuando cambiamos de tema de conversación observamos otro matiz emocional. Está lleno de gozo y emoción, sonríe ampliamente y dice «Jesús lo es todo para mí. Cuando no tenía a nadie, Él estaba conmigo, mi hermano, mi compañero, mi mejor amigo. Hablo con Él continuamente, confío en Él. Jesús realmente me salvó la vida. Cuando quería suicidarme, me sujetó y me dio esperanza para el futuro. Cuando me van mal las cosas me refugio en Jesús. Sé que tiene un buen plan para mi vida. Me ha dado una nueva familia y oramos los unos por los otros y aquí me siento a salvo», dice Anwar. «Si pudiera volver atrás en el tiempo, me habría convertido antes. No quiero vivir ni un segundo sin Jesús. Les digo a todas las personas que están atravesando circunstancias parecidas, “Sed valientes y confiad en el Señor, porque merece la pena, de veras merece la pena”».

El precioso camino que ha tomado la vida de Anwar es ciertamente aleccionador. Mientras damos por sentado algo tan sencillo como el derecho a entrar en una iglesia sin temor, para Anwar era un auténtico desafío. Su vida de hijo rebelde de un jeque se ha transformado en hijo de Dios esperanzado. Es inspirador ver su valentía al arriesgarlo todo para seguir a Jesús.

«Sigo orando por un milagro, que pueda reconectar con mi familia como antes, pero mi situación ahora recompensa todo lo que he perdido», añade Anwar. Continúa orando por su familia y sus amigos, que lleguen a experimentar la libertad y el propósito que ha encontrado como seguidor de Jesús; que conozcan a Cristo como el que murió para asumir el castigo de nuestros pecados y los de todos.

Con la ayuda de Puertas Abiertas, vemos nuevamente una vida transformada, de odiada a amada, de ignorada a abrazada, de caminar en tinieblas a estar rodeada de luz. Anwar es ahora un convencido creyente independiente que habla de la obra maravillosa de Jesús en su vida. Es siervo de la iglesia, adora a Dios y sigue su camino día a día. Es viva imagen de la verdad sobre la esencia de Jesús y su amor por toda la humanidad sin importar su etnia, religión, lengua o nacionalidad. Rinde gracias a Dios por salvarle la vida y darle esperanza para un futuro mejor, junto al Dios fiel de ayer, hoy y siempre.

 

*Nombre cambiado por motivos de seguridad

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